Antonio Ledezma, el suspendido alcalde de Caracas que habría evadido la detención domiciliaria y llegado a Cúcuta, es apenas uno de los opositores que ha tenido que sufrir la represión del régimen venezolano.
El corazón de los que veían en la oposición venezolana una esperanza para salir de la crisis se ha roto a pedazos, fracaso tras fracaso, y en los últimos días parece haber quedado roto para siempre. Las divisiones dentro de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) saltaron a la vista después de que cuatro de los cinco gobernadores que lograron arrebatarle el triunfo al oficialismo en las elecciones regionales se juramentaron ante la Asamblea Nacional Constituyente. Las redes sociales de figuras de oposición, antes consentidas por el grueso de la opinión pública, como Lilian Tintori, ahora son un termómetro del malestar de sus seguidores.

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“Hay que hacerles un llamado a la cordura”, dice Trino Márquez, sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela. “Esto obedece a un plan orquestado por el Gobierno para dividir a la oposición. Es muy triste, muy lamentable, que los dirigentes opositores no se den cuenta de la lógica del Gobierno”. “Juramentarse ante la Constituyente fue un error”, agrega Márquez. En efecto, tras jurarle lealtad a la Asamblea, los cuatro candidatos opositores recibieron la noticia de que un protector velará por el futuro “de la Revolución bolivariana” en sus estados y los acompañará a gobernar, de manera paralela. Ni siquiera agachar la cabeza fue suficiente.

“No te imaginas lo difícil que es ejecutar cualquier cosa. Ganar una alcaldía es de lo más difícil que te puede pasar en Venezuela”, asegura Carmen Elisa Hernández, quien fue la directora ejecutiva de la Alcaldía de Baruta durante el mandato de Gerardo Blyde. Algunos alcaldes y gobernadores de la oposición viven hoy el exilio, otros están presos y otros quedaron enterrados políticamente. Muchas veces, todas las anteriores.

Antonio Ledezma
Cuando Antonio Ledezma logró hacerse a la Alcaldía Metropolitana de Caracas en el 2008, la oposición saboreó como nunca la victoria. Tal vez estaba en su mejor momento desde 1998, cuando Hugo Chávez llegó a la Presidencia, pues el cierre de Radio Caracas Televisión en el 2007 tenía golpeada la imagen del Gobierno. La oposición había intentado hacerse al poder a la fuerza en el 2002, y después de algunos años descubrieron que ese no era el camino. Recuperaban al fin la confianza del electorado. La prueba: la victoria de Antonio Ledezma en Caracas.

Sin embargo, el panorama que se encontró no era nada alentador para un líder. La alcaldía anterior había dejado una huella con la que los opositores no contaban: una nómina extensa de activistas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que estaban contratados por una modalidad parecida a la prestación de servicios en Colombia. Ese tipo de contratos, que no son laborales, tienen la particularidad de ser cortos, con extensiones que no superan el año. Pero al posesionarse Ledezma, el Ejecutivo empezó a extenderlos indefinidamente, así que al alcalde le tocó lidiar con un grupo de personas, todas simpatizantes del Gobierno, que no querían trabajar a su servicio.

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Ledezma emprendió una huelga de hambre y fue a la OEA a denunciar que no lo dejaban gobernar y que el Ejecutivo no le enviaba el dinero necesario para pagar la nómina. A su regreso se encontró con el presupuesto exigido, pero le informaron que no sería él el responsable de ejecutarlo. El chavismo nombró una nueva figura llamada “jefe de gobierno del Distrito Capital”, quien se quedó con todas las competencias. Esto, sumado a las protestas de la nómina de contratados, dejó a Ledezma sin la posibilidad de entrar a su despacho, literalmente. Intentó gobernar desde su carro, dándole vueltas al edificio de gobierno. En el 2013, la gente lo reeligió a pesar de todo. Pero dos años después, las autoridades lo sacaron de su oficina y lo llevaron detenido, pues, según Nicolás Maduro, Antonio Ledezma estaría detrás de una conspiración para darle un golpe de Estado.

Daniel Ceballos
En el 2014, la paciencia de los venezolanos empezó a llegar a sus niveles más bajos. La inflación y la escasez de productos, con la indignación que produjo la muerte del bachiller Héctor Moreno y el intento de violación de una estudiante, se juntaron y crearon un coctel explosivo contra el Gobierno. En San Cristóbal, la capital del Táchira, en donde Daniel Ceballos había sido elegido alcalde, las protestas fueron particularmente concurridas.

Ceballos, de menos de 30 años, ingeniero agrónomo y apasionado por la política, venía desempeñando una carrera maratónica. Se graduó como el primero de su clase en la universidad, en donde hizo parte del consejo estudiantil. Luego se lanzó como diputado por el estado de Táchira y ganó.

Cuando llegó a la competencia por la Alcaldía de San Cristóbal triunfó con el 67 % de la aprobación. Pero estallaron las protestas contra Maduro y Ceballos no impidió que la gente bloqueara las calles. El Ejecutivo, del mismo modo que lo hizo con Leopoldo López, emitió una orden de captura en su contra por incentivar la violencia. Ahora está detenido en los calabozos de la cárcel del Helicoide.

David Smolansky
La familia Smolansky lleva tres generaciones huyendo del comunismo. Los abuelos abandonaron Ucrania, escapando de la Unión Soviética, y luego tuvieron que hacerlo nuevamente en Cuba, para escapar de los Castro.

Smolansky, entonces, conocía bien el dolor del exilio antes de tener que vivirlo. Heredero de una familia activa en la política, ganó las elecciones del municipio de El Hatillo en los comicios de 2013. Durante su mandato acusó repetidamente a Maduro de ahogar al municipio económicamente.

En Venezuela, la ley establece que el presupuesto de los municipios es controlado por el Gobierno central. El chavismo ha sabido utilizar la ley a su conveniencia. “Es difícil que la gente continúe por mucho tiempo de lado de la oposición, porque no pueden ejecutar obras y desencantan”, dice Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

Eso le pasó a Smolansky, quien denunció que el presidente tenía a su alcaldía en la calle. A mediados de este año acusó al Gobierno de perseguirlo, en todas sus actividades, durante un mes. Finalmente, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) emitió contra él una orden de captura, argumentando que no había sido eficiente al frenar unas barricadas. Desde el 13 de septiembre vive en el exilio.

Henrique Capriles
Capriles aterrizó en la Gobernación de uno de los estados más codiciados por el poder en Venezuela: Miranda. A diferencia de otros alcaldes o gobernadores de entidades territoriales más pequeñas, Capriles tenía una ventaja: se encontró en un estado rico económicamente. Por eso, a pesar de que le pusieron trabas desde el Ejecutivo, tenía cierto margen de maniobra gracias a los impuestos locales. Fue así como pudo seducir al electorado y, seguramente gracias a eso, su gestión en Miranda casi lo lleva a la Presidencia de la República en las elecciones que finalmente ganó Maduro tras la muerte de Chávez.

Este año, el Gobierno lo inhabilitó por “malos manejos presupuestales” y por eso Capriles no pudo participar como candidato. El chavismo volvió a Miranda de la mano de Jorge Rodríguez.

El día en que celebraron el triunfo, Nicolás Maduro acompañó a Rodríguez en la elección, tomó el micrófono y dijo: “Ahora sí hay
recursos para Miranda”.

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