Un informe del CERAC revela que las acciones ofensivas y los combates con esta guerrilla han disminuido en un 28,8% y en un 42,8% respectivamente, y que también se ha reducido la pérdida de vidas.Desde el inicio de la fase pública de negociaciones entre el Gobierno y el ELN, las acciones ofensivas y los combates han disminuido en un 28,8% y un 42,8% respectivamente, en comparación con el año anterior. Cifras que sirven para pensar con optimismo que el cese bilateral temporal al fuego, que inició el pasado 1° de octubre, se hace más probable de cumplir y que dan señales de que realmente existe una mayor cohesión de esa guerrilla frente a la mesa de diálogos de paz de Quito y que sus unidades acatan más, hoy en día, las órdenes del Comando Central que antes.

Es la conclusión que entrega el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) al hacer un análisis sobre la manera como se ha desarrollado el conflicto con El ELN en los últimos meses. En este, aunque se reconoce que ha habido períodos de intensificación de ataques a la Fuerza Pública y la infraestructura energética y petrolera en el país, como sucedió en la semana previa al inicio del cese al fuego, se concluye que hay un evidente desescalamiento de la confrontación armada.

“La reducción de las acciones violentas ha traído una caída aún mayor en la pérdida de vidas. El número de vidas perdidas del ELN y la Fuerza Pública ha caído en 68,6% y 60,7%, respectivamente, desde que se iniciaron los diálogos”, dice el informe.

Por otra parte, según el CERAC, más que expandirse, el ELN se ha concentrado territorialmente, lo que implica que no ha logrado consolidar una capacidad operativa violenta nacional, de modo que se ha mantenido en sus zonas tradicionales de influencia.

“Durante la fase secreta de negociaciones (27 de enero de 2014 al 6 de febrero de 2017), esta guerrilla hizo presencia violenta en los departamentos de Arauca, Norte de Santander, Boyacá, Casanare, Cesar, Bolívar, Cauca, Nariño y Valle del Cauca, mientras que desde que inició la fase pública de las negociaciones (7 febrero de 2017), las acciones ofensivas de esta guerrilla se concentran en muchos menos municipios de los departamentos de Arauca, Norte de Santander y Cauca y se han reducido en Chocó, Antioquia y Cesar. La reducción de municipios afectados es notoria: pasa de tener presencia violenta en 14% del total de municipios del país (157 de 1.122 municipios) a solo un 4,5% en lo corrido de esta fase, la guerrilla del ELN hace presencia violenta en 4,5% del total de municipios del país (51 de 1.122 municipios)”, revela el documento.

El análisis de esta situación permite indicar que es imposible saber en qué proporción ha contribuido a este desescalamiento y concentración la acción militar de la Fuerza Pública y en qué proporción la mayor presencia de fuerzas de seguridad en el territorio como resultado del despliegue asociado al posconflicto con las FARC. Para el CERAC, cabe la posibilidad de que el ELN haya emprendido un proceso de reorganización interna y operativa que impacte en sus acciones, pero para sustentar tal hipótesis no hay evidencia documental pública hasta ahora.

El informe señala que no se han registrado acciones violentas del ELN en 92 municipios, en los cuales sí hubo registro de acciones en la fase secreta de negociaciones. Estas zonas incluyen los municipios de Casanare y Boyacá, que limitan con el departamento de Arauca, y, además, algunos municipios de la región del Bajo Cauca antioqueño, el Pacífico caucano y Nariño.

En cambio, sí se registró una expansión marginal a 13 municipios durante la fase pública: Soledad en Atlántico; Caloto y Corinto en Cauca; González, La Gloria y Valledupar en Cesar; Acandí en Chocó; Vianí en Cundinamarca; Guachucal en Nariño; Chitagá y Labateca en Norte de Santander; y Buenaventura y Cartago en Valle del Cauca.

“Esta dinámica evidencia la consolidación de la presencia violenta de esta guerrilla en los municipios cercanos a su zona de influencia tradicional, y no a un proceso de expansión territorial. En estos municipios encontramos un nuevo riesgo de seguridad que catalogamos como bajo en Soledad, Atlántico; Vianí, Cundinamarca; Guachucal, Nariño; Chitagá y Labateca, Norte de Santander; y Buenaventura y Cartago, Valle del Cauca; riesgo de seguridad medio en González, La Gloria y Valledupar, Cesar; y riesgo de seguridad alto en Caloto y Corinto, Cauca; Acandí, en Chocó; con riesgo humanitario bajo en Soledad en Atlántico; Vianí en Cundinamarca; Guachucal en Nariño, riesgo humanitario medio en Caloto y Corinto en Cauca; González, La Gloria y Valledupar en Cesar; riesgo humanitario alto en Acandí en Chocó; Chitagá y Labateca en Norte de Santander; y Buenaventura”.

Adicionalmente, a nivel departamental, con la consolidación del ELN en Chocó, Nariño, Arauca y Norte de Santander, principales zonas de afectación por la violencia de conflicto de esta guerrilla, se mantiene elevado el riesgo de seguridad y el riesgo humanitario para la población civil de estos departamentos, asociados a desplazamientos forzados, restricciones a la movilidad y confinamientos.
Tomada del espectador

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